viernes, 28 de marzo de 2008

Retorno al lugar del crimen


En Regreso a Normandía, Nicolas Philibert vuelve a los escenarios de una película rodada hace 30 años sobre un asesinato que conmocionó a la Francia del siglo XIX

Gregorio Belinchón
EL PAÍS, Madrid, 28 de marzo de 2008

Bajo unos pelos canos en punta y atravesado por un bigote también gris, el rostro aniñado de Nicolas Philibert (Nancy, 1951), con unos ojos chispeantes y gestos de mimo bromista, no anuncia en absoluto el cine minucioso y paciente que ha marcado su carrera. La cara será el espejo del alma, pero a veces engaña.

Philibert debutó en 1970 como meritorio en Les camisards, de René Allio, cineasta diferente; y desde 1978 dirige largos y cortos, siempre en la difusa línea que separa realidad documental y ficción cinematográfica. Pero para el común de los mortales Philibert es el director de Ser y tener (2002), hipnótico recuento del paso del tiempo en una escuela rural de la Francia profunda, donde un maestro lucha porque sus alumnos (de todas las edades y condiciones) aprendan y salgan adelante. Ser y tener tuvo más de millón y medio de espectadores en su país, y algo más de 140.000 en España, cantidad superlativa para un documental.

Hoy, Philibert estrena Regreso a Normandía, curioso salto mortal y homenaje a la obra de su maestro Allio. Trata de algo sucedido el 3 de julio de 1835, cuando un campesino normando de 20 años mató a parte de su familia con una hoz y convulsionó con su crimen la vida de Francia. En prisión, tras el juicio, escribió su autobiografía, en la que justificaba sus actos, con un texto que arrancaba así: "Yo, Pierre Rivière, habiendo matado a mi madre, mi hermana y mi hermano...". En 1973, el filósofo Michel Foucault estudió el caso en un libro titulado como el inicio de la confesión de Rivière y René Allio cayó fascinado por la complejidad y dramatismo de los actos del joven parricida. Decidió rodar una película sobre lo ocurrido y, para darle verosimilitud, apostó porque los papeles protagonistas fueran interpretados por auténticos campesinos de la zona del crimen.

Por eso envió a Normandía -mientras en París buscaba financiación y remataba el guión- a entrevistar a cualquier granjero que quisiera actuar y a localizar exteriores a dos bisoños ayudantes de producción: uno de ellos era Nicolas Philibert. Regreso a Normandía supone la vuelta, 30 años después, de Philibert al lugar de rodaje, al encuentro con los supervivientes de aquella aventura cinematográfica que también recibió el título de Yo, Pierre Rivière, habiendo matado a mi madre, mi hermana y mi hermano...

"Cuando era joven quería hacer cine, y no sé si lo he logrado. Esto es como el proverbio chino: cuando llegas a la cima de una montaña, siempre descubrirás que hay otra más alta". Tal vez así surge el reto de Regreso a Normandía, un vistazo al pasado que no debió ser del todo agradable: "La experiencia de la película me aportó muchas cosas, pero no me quedé anclado en aquellos recuerdos. Este documental ha ido creciendo en mi interior, en un proceso que sólo sé definir como río subterráneo". Algunos de los actores aficionados siguen en el campo, otros cambiaron de profesión. Incluso el protagonista, Claude Hébert, que daba vida a Pierre Rivière, decidió dedicarse a la interpretación, se mudó a París, y participó en otro par de largometrajes antes de desaparecer.

A todos, Philibert los retrata con cariño, huyendo de la burla, al tiempo que incide en su habitual apuesta por lo inesperado: "No hay nada más maravilloso que cuando un espectador ve en tu obra algo de lo que tú no eras consciente. Yo ni intuía, cuando arranqué Regreso a Normandía, que en el fondo iba a ser una película sobre mí mismo, que la acabaría con el plano de mi padre, que hizo un pequeño papel en Yo, Pierre Rivière...".

Si Ser y tener le lanzó a la fama, a cambio le trajo una experiencia amarga: el maestro, Georges López, le denunció porque se consideraba coautor del filme y quería parte de los beneficios. "Ha perdido cinco juicios, le han desestimado todas sus demandas y recursos. Tampoco quiero echar leña al fuego. Fue triste y decepcionante para mucha gente. Entrevisté a 110 profesores de muy distintos estilos y energías, todos apasionados, muchas mujeres, y al final rodé a un hombre haciendo en su realidad, sin ensalzarlo ni criticarlo. Fue el público el que lo puso en un pedestal. Y López terminó creyéndoselo. Supongo que detrás de un gran éxito siempre hay una serie de malentendidos".

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